Madre
Francisca se entrega con confianza al amor providente y misericordioso
de Dios con tanta humildad, fidelidad y audacia que enfrenta a
los retos de su tiempo y les da una respuesta. Consciente de llevar
el amor de Dios a los más pobres y necesitados, se consagra
con alegría al servicio de los jóvenes, sordos,
ciegos, enfermos de lepra, ancianos y a la mujer trabajadora.
Su sueño de amor prosigue actualmente.
Confiados
en el amor de Dios como ella lo hizo pidamosle por nuestras necesidades
a través de Madre Francisca que tanto se entregó
para dar alivio y consuelo.